Archivo del Autor: Mariana

La delgada cinta del tiempo.

Anoche, salí caminando por las calles de la ciudad que habito rumbo al Teatro Argentino. El camino de mi casa hasta allí lo recorrí en más de una oportunidad, he pasado muchas veces, seguramente más de la que pueda recordar, por la esquina que anoche se robó poderosamente mi atención. No fue la esquina, sino una casa, departamento, ubicado en un segundo piso. Allí en la ochava de la calle, un balcón, sobre el balcón, una escultura, desde abajo, y con la oscuridad de la noche, podría confundirse con una mujer, quieta, inmóvil. ¿Cómo no lo había visto antes? Comencé a imaginar que seguramente allí vive un coleccionista, o un escultor, o una señora que estaba limpiando, alguien con vida, detrás de la escultura. Así, luego de permanecer detenida unos minutos, retomé la marcha.
En la sala Tacec del teatro Argentino de La Plata, se presentaba “Archivo expandido” de Magdalena Arau. Poco sabía de lo que iba a ver. Apenas había leído un comentario al pasar. La ubicación estuvo perfecta, desde allí podría ver. Tres proyectores, tal vez más, radiograbadores, audios truncos, palabras entrecortadas, imágenes repartidas. Elegir que parte ver, elegir taparse los ojos, elegir mirar al que está sentado delante, mientras el que está sentado delante mira hacia la consola. ¿El sonido está fallando? ¿Esto es a propósito? ¿Qué es lo que quieren mostrarme? ¿Puedo elegir? Archivo expandido, es, para mi, todo eso junto, imágenes en super 8, diapositivas, el relato que no llega a ser y sin embargo es. En un momento un cartel dice: el pasado no es literatura. Tal vez no lo sea, tal vez el tiempo, el pasado tiempo, sea solo una sucesión de imágenes, arbitrariamente armadas. Pero esto es solo una mirada, la misma que minutos antes se había posado en el balcón de una casa…
Aquí el tráiler

Mañana es mejor


“En cierto modo, el más testarudo de los rockeros argentinos nunca abandonó los puentes amarillos. Ése fue su verdadero manifiesto.”
Sergio Pujol. Canciones Argentinas.

Así dejé pasar los días, pensando que sería mejor alejarme de aquella tarde de miércoles en que llegó la noticia. Alguien rezaba en su estado: ¿Spinetta?. No quería ver, no quería que fuera cierto. Llegó el primer grito y los titulares y las imágenes y las canciones… Una amiga que hace tiempo no veo me escribió para ver como estaba. Otra llamó. No es exagerado pensar que a muchos de nosotros se nos fue un miembro de la familia, un hermano, un padre… Y de pronto me encontré en esa mezcla de sensaciones, la vida, mi vida y la muerte. Una de mis sobrinas recordó que el primer recital de su vida fue uno que dio Spinetta en Mar del Plata un verano en el que fuimos solas por primera vez de vacaciones. En ese momento la visión de la muerte cambió. El flaco no está más en este mundo, pero sus canciones seguirán por siempre. Agradecí el momento en que empecé a escucharlo. Recordé mi casa de niña y a mis vecinos mayores escuchando “Muchacha, ojos de papel”. Y las fechas se mezclan, y me traslado a la primera vez que lo pude ver en vivo, acá en La Plata, en un teatro hoy devenido a mini-shopping. Y el año 1986 en el que andaba para todos lados con el casette doble Lalalá. Y de cuando tuve la bandeja de cd y fui corriendo a comprar “Exactas”. O aquel día en el que fui sola al complejo La Plaza a ver en vivo lo que después sería “San Cristóforo” metiéndome en un sauna de lava eléctrico. Y voy más acá y vuelvo más allá. Y releo viejos post. Y sigo rememorando recitales, viajes, escuchas, notas. Y así la vida se irá regenerando. Y la realidad se transformará, como se transformaba cuando era niña. Y tal vez mañana sea mejor…

Y estos registros de la última vez que lo vi en vivo son una mínima parte de la cantidad de registros que dejó en mi vida…

Y la canción que escuchas
tu cuerpo abrirá con el alba…

Amigos (eterna y vieja juventud)

Hugo y Roberto fueron amigos desde chicos, se conocieron cantando juntos en el coro de la Iglesia. Voces dignas de ser admiradas. Sus gustos parecían ir por caminos opuestos: uno hincha de River, el otro hincha de Boca. Uno radical, el otro peronista, uno de Chevrolet, otro de Ford… La amistad continuaba con el paso de los años. Hugo se casó y dio a Roberto el padrinazgo de su primer hijo varón. Más tarde tuvo 3 hijos más que llamaban a Roberto tío, por esas cuestiones que exceden lo sanguíneo. Roberto tardó un poco más en casarse y designó a su ahijado para que sea el padrino de su segunda niña. A esta altura Roberto hacía un par de años que había dejado de vivir en Capital para instalarse con su familia en Ensenada. Las distancias geográficas y los cambios de vida de aquel entonces hicieron que los años pasaran y dejaran de verse. (Hasta aquí el relato de la historia que me contaba mi padre: Roberto).
Hace aproximadamente 20 años el reencuentro se produjo. Mi padrino llegó con una cámara y comenzó a filmar lo que acontecía. El registro me lo envió hace un par de días. De repente aquellos años volvieron, quizá los años son los suficientes como para poder inscribir hoy estas torpes palabras. Ver a mi viejo cantar siempre me emociona, pero verlo recordar momentos de su amistad con Hugo me emociona aún más. Hugo ya no está, mi viejo sigue cantando cada vez que le insistimos un poco. Si en algo no temo cubrirme de subjetividad es en esto: la mejor voz que escuché en mi vida, es la voz de mi padre…

Sine materia

Leer a Proust es sumergirse entre otras cosas en deliciosas críticas estéticas:

“El año antes había oído en una reunión una obra para piano y violín. Primeramente solo saboreó la calidad material de los sonidos segregados por los instrumentos. Le gustó ya mucho ver como de pronto, por bajo la línea del violín, delgada, resistente, densa y directriz, se elevaba como en líquido tumulto, la masa de la parte de piano, multiforme, indivisa, plana y entrecortada, igual que la parda agitación de las olas, hechizada y bemolada por la luz de la luna. Pero en un momento dado, sin poder distinguir claramente un contorno, ni dar un nombre a lo que le agradaba, seducido de golpe, quiso coger una frase o una armonía –no sabía exactamente lo que era- que al pasar le ensanchó el alma, lo mismo que algunos perfumes de rosa que rondan por la húmeda atmósfera de la noche tienen la virtud de dilatarnos la nariz. Quizá por no saber de música le fue posible sentir una impresión tan confusa, una impresión de esas que acaso son las únicas puramente musicales, concentradas, absolutamente originales e irreductibles a otro orden cualquiera de impresiones. Y una de estas impresiones del instante es, por decirlo así, sine materia. Indudablemente, las notas que estamos oyendo en ese momento aspiran ya, según su altura y cantidad, a cubrir, delante de nuestra mirada, superficies de dimensiones variadas, a trazar arabescos y darnos sensaciones de amplitud, de tenuidad, de estabilidad y de capricho. Pero las notas se desvanecen antes de que esas sensaciones estén lo bastante formadas en nuestra alma para librarnos de que nos sumerjan las nuevas sensaciones que ya están provocando las notas siguientes o simultáneas. Y esa impresión seguirá envolviendo con su liquidez y su “esfumado” los motivos que de cuando en cuando surgen, apenas discernibles, para hundirse enseguida y desaparecer, tan sólo percibidos por el placer particular que nos dan, imposibles de describir, de recordar, de nombrar, inefables, si no fuera porque la memoria, como un obrero que se esfuerza en asentar duraderos cimientos en medio de las olas, fabrica para nosotros facsímiles de esas frases fugitivas y nos permite que las comparemos con las siguientes y notemos sus diferencias. Y así, apenas expiró la deliciosa sensación de Swann, su memoria le ofreció, acto continuo, una transcripción sumaria y provisional de la frase, pero en la que tuvo los ojos clavados mientras que seguía desarrollándose la música, de tal modo, que cuando aquella impresión retornó ya no era inaprehensible. Se representaba su extensión, los grupos simétricos, su grafía y su valor expresivo; y lo que tenía ante los ojos no era ya música pura: era dibujo, arquitectura, pensamiento, todo lo que hace posible que nos acordemos de la música. Aquella vez distinguió claramente una frase que se elevó unos momentos por encima de las ondas sonoras. Y en seguida la frase esa le brindó voluptuosidades especiales que nunca se le ocurrieron antes de haberla oído, que sólo ella podía inspirarle, y sintió hacia ella un amor nuevo. “

Marcel Proust. Por el camino de Swann. Parte II. Traducción de Pedro Salinas.

La canción sin fin…

El anuncio lo hice el 18 de octubre a las 17.50 en el facebook: A partir de ahora y hasta el domingo SAY NO MORE. Más tarde aclararía lo que me había propuesto: llegar a subir 60 temas por los 60 años de Charly García. Sabía de antemano que tema no podía faltar, sabía (tal vez) cual quedaría afuera. Lo que no sabía es lo que iba a provocar tamaña empresa. La idea de hacerlo en forma cronológica era lo más fácil. Así empecé a subir temas de Sui Géneris, pero ya al llegar a la época de La máquina de hacer pájaros la cosa empezó a complicarse, quería subir todos y cada uno de los temas. ¿Cómo hacer para elegir? ¿Elegiría por la letra? ¿Elegiría por la música? ¿Lo elegiría por las imágenes que encontraba? Así empecé a recorrer la vida del bigote bicolor, así empecé a recorrer también mi vida, aparecieron imágenes de recitales en los que estuve, en los que no, imágenes que apenas había visto. Miré reportajes, canté, lloré, bailé. Mientras tanto pasaban los minutos, corrían las horas y se aproximaba el 23 de octubre. Cada vez se hacía más difícil y a la vez más emocionante el recorrido. Me encontré viviendo una realidad paralela en un país que no está hecho porque sí. Mientras lo hacía imaginaba que alguno de mis tantos amigos estaría a las puteadas. Algunos otros pusieron el clásico me gusta y los más audaces comentaban y me alentaban para que llegue a la meta. Ahora caigo en la cuenta de que esta ha sido tal vez mi primera investigación filosófica. Recorrer la vida de uno de los artistas más grandes del país. Recorrer la vida del artista que creó la banda de sonido de mi vida:

1: El tuerto y los ciegos
2: Tribulaciones, lamento y ocaso de un tonto rey imaginario o no
BONUS TRACK: Reportaje de Lanata. Charly: – Yo creo que sos un pelotudo
3: Música de fondo para cualquier fiesta animada
4: El show de los muertos
5: Cuando comenzamos a nacer
6: Dime quién me lo robó
7: Iba acabándose el vino (Porsuigieco)
8: Ruta perdedora
9: Bubulina
10: No te dejes desanimar
11: Marilyn, la cenicienta y las mujeres
12: Ah, te vi entre las luces
13: Que se puede hacer salvo ver películas
14: Por probar el vino y el agua salada
15: El vendedor de las chicas de plástico
16: Como mata el viento norte
17: Eiti Leda
18: El mendigo en el andén
BONUS TRACK: Charly cayendo del noveno piso en un hotel de mendoza
19: La grasa de las capitales
20: Perro andaluz
21: Llorando en el espejo
22: Cinema Verité
23: Pubis Angelical
24: Vos también estabas verde
25: Canción de 2 x 3
26: Bancate ese defecto
27: Ojos de Videotape
BONUS TRACK: Charly con Diego en la Noche del 10
28: Total Interferencia
29: Raros peinados nuevos
30: Chicas muertas
31: Angeles y predicadores
32: Adela en el carrousel
33: El karma de vivir al sur
34: Lo que vendrá
BONUS TRACK: Charly recibe el Gardel de Oro. Charly – Creo que Gardel es casi tan famoso como yo…
35: Anhedonia
36: A punto de caer
37: Reloj de plastilina
38: Siempre puedes olvidar
39: Vampiro
40: 30 Denarios
BONUS TRACK: Charly participando en el programa de Tato Bores.
41: Victima
42: Kurosawa
43: Te recuerdo invierno (Casandra Lange)
44: Transformación (Serú 92)
BONUS TRACK: ( en este hice trampa) Los dinosaurios. Mtv unplugged
45: Say no more
BONUS TRACK: Dear Prudece ( En vivo con Cerati y Aznar)
46: Cuchillos (con Mercedes Sosa)
47: Correte Beethoven
48: Cerca de la revolución (Demasiado Ego-Bs As vivo)
49: Nos siguen pegando abajo+ No llores por mi Argentina (Demasiado Ego- Bs As Vivo)
50: Kill My Mother (Demasiado Ego- Bs As Vivo)
51: El chico del fin de semana
52: Influencia
53: El amor espera
54: Dileando con un alma
BONUS TRACK: Pasajera en trance (con Gustavo Cerati, en vivo en el Luna Park)
55: Asesíname
56: No importa
57: Telepáticamente
58: Rock and Roll Yo (Concierto sub acuático)
59: Rezo por vos (Concierto sub acuático)
60: Chipi Chipi (Concierto sub acuático)
BONUS TRACK FINAL: Himno Nacional Argentino. Charly en vivo en Luna Park.

Solo sabemos una cosa

“No sabemos lo que ocurre cuando un hombre muere, solo sabemos una cosa: nos ha dejado. Nos aferramos a sus obras, aún sabiendo que no nos necesitan. Son lo que alguien lega al morir a un mundo que ya existía mucho antes y sigue existiendo cuando se marcha. Lo más fugitivo y sin embargo también lo más grande en un hombre, la palabra pronunciada y el gesto inimitable eso es lo que muere con él. Eso es lo que nos necesita para que lo recordemos.” Palabras pronunciadas por Hannah Arendt en el entierro de Karl Jasper.

Una vez más recurro a palabras de otros. Una vez más los recuerdos fluctúan. Quedarme. Estudiar Filosofía. Volver a leer “En busca del tiempo perdido”. Llorar viendo a Charly en Velez. Leer una nueva novela de Marcelo Cohen. Escuchar un nuevo disco de Prince. Compartir una charla en un café. Seguir escribiendo aquí y allá. Seguir extrañando al hombre detrás de las palabras. Seguir extrañando a Hernán.

¿Poesía?

Hace un par de días empecé a escribir ¿poesía?. A partir de hoy empezaré a subirlas en este nuevo sitio La poeta que no soy

Other Side

Recuerdo que la primera vez que vinieron Los RHCP a la Argentina, allá por 1993, no había nadie alrededor que quisiera acompañarme a verlos. De aquella oportunidad solo tengo recuerdos difusos. Las veces siguientes, por una cosa o por otra tampoco fui. Llegado 2011 y al enterarme que volvían las ganas de verlos renacieron. Pero claro que ya no soy la que era por aquel entonces. Ir a un estadio de la magnitud de River, etc, etc, ya no juega a favor. Dudé mucho y estimulada por mi sobrina, finalmente sacamos las entradas. Después de sacarlas la duda seguía, mientras ella me decía: tía quiero que vengas!. Ahí es donde las ganas fueron otras, compartir un recital con mi sobrina tiene sin dudas un valor incalculable, que sobrepasa incluso el gusto por la música misma. Así fue entonces como anoche pude disfrutar junto a ella de los RHCP. Antes de que empezara el recital nos reíamos buscando gente de mi edad o más en el campo, la verdad es que no éramos mayoría, pero todavía quedamos algunos que nos seguimos bancando saltar y que nos aplasten un poquito. El recital comenzó 6 minutos después de lo previsto y la verdad es que los muchachos sonaron más que bien. Aunque se complicaba verlos desde donde estábamos (mi sobrina y su prima fueron un par de temas un poco más adelante) lo pudimos disfrutar sin sobresaltos. No faltó ningún tema, todos y cada uno de los que hicieron me traían alguna que otra imagen, de esas que no se proyectan en la pantalla, sino más bien las que vienen del propio recuerdo. En un momento le dije a mi sobrina: quiero que hagan el tema de Stivie Wonder! , pasó un tiempo y al rato lo estaban haciendo, ahí fue cuando ella celular en mano quiso grabar el momento. Ahora comprendo porque pasó tanto tiempo para que pudiera verlos en vivo y aunque el sonido de la grabación no es bueno y no se ve casi nada, poco importa, porque los recuerdos empezarán a formarse y por este video recordaré uno de los mejores recitales de mi vida. Como me dijo ella cuando sacamos la entrada: hay cosas que el dinero no puede comprar…

Presentaciones: Cancionistas del Rio de La Plata

El pasado viernes tuve la suerte o mejor dicho, el buen juicio, de ir a la Presentación del libro de Martin Graziano: “Cancionistas del Rio de La Plata”. Si bien no he ido a muchas presentaciones de libros, las pocas veces que asistí a eventos similares, poco se le parecieron a esta. En aquellas ocasiones, lo mejor estaba tras bambalinas por llamarlo de algún modo. El encuentro (como ya he dicho en otro post) con amigos o la charla con los autores. Este no fue el caso de la noche del viernes. A Martín Graziano lo conozco de verlo por las calles de la ciudad o incluso de alguna charla literaria en el mismo recinto del Centro Cultural Islas Malvinas. Pero también, gracias a la columna que tiene en el programa Carbono Catorce de Radio Universidad. Más de una vez corro por una lapicera y un pedazo de papel para tomar nota de los cantautores que allí nombra. Pero volviendo a la noche del viernes: Todo comenzó con la proyección de unos videos, música, fotografías y el comienzo de una gran velada. Luego subió al escenario Julieta Rimoldi, tras un par de temas, todos bellos por cierto, las luces se encendieron contra uno de los laterales para dar lugar a Nacho & los caracoles, a esta altura la noche era más grata aún. Entre medio siguieron proyectando videos, ahí también tuve que hacer uso del cuaderno (que por suerte siempre viaja conmigo) y la lapicera para anotar más nombres. Y llegó el turno de que hablen del libro. Gran momento también, sobre el escenario además de Martín y Lula Bauer (la fotógrafa) estuvo Sergio Pujol. Así da gusto ir a la presentación de un libro. Pujol dio una clase de cómo deben ser presentados los libros. Y todavía faltaba más, más videos y más música en vivo, con la presencia sobre el escenario de Lucio Mantel, a quien conocí gracias al programa antes mencionado. En un tiempo donde todo está pautado, que haya radios, periodistas y músicos que hagan cosas distintas es un regalo.
Aquí dejo la nota que le realizó el Diario Diagonales a Graziano: La canción como un ejercicio para pensarnos.

Y este es uno de los videos que proyectaron:

La entrada es gratis…

Hace un rato fui a visitar la muestra de fotografías de Maximiliano Vernazza “El Charly que yo conozco”. Acercarme a ella no me costó demasiado esfuerzo, solo caminar unas cuadras bajo el sol de la ciudad. En cuanto a las fotografías todas son buenas, con los colores justos, llena de colores diría más bien, debido al aerosol que abunda en la mayoría de ellas. De todos modos hubo algo que me conmocionó. Un Charly que conocía también, pero que prefiero olvidar. Me llamó la atención cuando llegué a casa leer en algún blog que la mejor fotografía es la que a mi más me impactó. Charly, casi desnutrido, tapado solo con una toalla, sentado en el balcón de su departamento, con un changuito de supermercado como única compañía y la ciudad con sus luces debajo. Ese también es Charly García. Solo se necesita dar media vuelta para verlo vestido de negro con el doble de peso. Su muerte y su resurrección reunidas en una muestra fotográfica, esa es la impresión que tengo. Aunque quizá su muerte jamás ocurra o su resurrección suceda cada vez que lo escucho o recuerdo alguno de los recitales donde vi al Charly que yo conozco…