La caza del tesoro

Leyendo un artículo en la última Quid me entero del fenómeno bookcrossing. Un modo novedoso de liberar a los libros de las ataduras que gente como yo les impone. Hacer circular la literatura, dejar un libro olvidado en el banco de una plaza, en un café, en un colectivo, en una góndola de supermercado.
Libros nómades que pasan de mano en mano y recolectan historias.
No puedo pensar que libro liberaría, me encuentro más bien pensando que libros se liberaron de mi. Así es como recuerdo uno del tamaño de una revista, era acerca de Fito Páez, incluía su historia (su mejor historia), fotos, anécdotas, letras de sus temas. Un día mi hermano se lo prestó a una amiga, nunca más lo vi. No es que extrañe el libro, extraño o recuerdo ahora lo que ese libro contenía, y no lo digo por la foto de Fito con la cara cubierta de rulos y los dientes torcidos, lo digo porque dentro de ese libro había una flor, la única flor que guardé en un libro.
Era un sábado por la noche, quedamos (como siempre hacíamos) en encontrarnos con una amiga en la esquina de 7 y 49 para ir a bailar al centro de Río Negro, los minutos pasaban, pasaban los autos, los colectivos, las parejas, pero ella no. Retrocedí unas cuadras para emprender el regreso al hogar. Imposible. A determinada hora de la noche los micros no funcionan. Calculé las cuadras, eran tres. Mejor será estar en el boliche que quedarme en la calle.
Entrar a los centros de estudiantes a bailar era algo estimulante, como había que hacerlo en pareja, apenas veían a una chica los hombres se tiraban de palomita para tenerla. Así es como solo tardé dos minutos en entrar. La bronca por haberme desencontrado con mi amiga, por ser siempre tan puntual yo, tan impuntual ella, no me dejaba pensar. En un momento lo vi, bebía ginebra, me invitó a bailar, lo rechacé, al siguiente instante me arrepentí, luego divisé a mi amiga recién ingresada al recinto, dos horas después de lo pautado. Le eché la culpa de todo el malestar que sentía, del malestar que hizo que rechazara a un hombre que bebía ginebra en vaso de plástico. Comencé a girar.
Del otro lado de la pista volví a verlo. Suerte que algunos hombres son insistentes. Bailamos, bebimos, nos sentamos, volvimos a bailar, a hablar de Fito, de Charly, de la música que nos gustaba. Bailamos hasta que la noche se fue. Salimos juntos del lugar y empezamos a recorrer la ciudad, pasamos por la casa de su primo, subió, buscó los lentes de sol y seguimos caminando. Llegando a circunvalación cortó una flor silvestre que crecía entre las vías y me la regaló. Cantamos “Yo quiero ver un tren”.
Luego de recorrer más de treinta cuadras llegamos al parque del edificio que habitaba por aquel entonces. Nos despedimos con un beso. Subí las escaleras levitando. Levitando abrí el libro y guardé la flor, levitando me dormí.
Esa flor ya no está conmigo, ya no está conmigo ese libro, y tal vez quien lo tenga no imagine lo que esa flor significa.
Así son los recuerdos, aparecen en el momento menos pensado y en el momento menos pensado vuelven a liberarse de nosotros.
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2 Respuestas a “La caza del tesoro

  1. Rio!!! Que recuerdos!!!! Allí conocí a un gran amor que tuve.Entré con un amigo de él y él entró con una de las amigas con las que fuimos esa noche para hacerle pata a otra amiga que había conocido a un flaco unos sábados antes y que la había dejado plantada.
    Una de mis amigas (éramos 4) rompió su taco y mi futuro chico le facilitó su chicle para pegarlo.
    Adentro del boliche me sacó a bailar. Bailamos toda la noche. Hubo magia. El bailaba y se hacía el gracioso y yo me reía. Además era amigo de un ex novio de una prima mia que no vive en La Plata casualmente. El tampoco era de La Plata. Venía de Baires a ver a sus amigos.
    Cuando pusieron los lentos hubo algo. Cuando cerraba el boliche intercambiamos teléfonos. Esto fue un 26 de marzo. Lo llamé yo por primera vez. Empezamos a hablar por teléfono. El 8 de abril quedamos en encontrarnos y se vino a La Plata en el Rio. Llovió todo el día. No nos pudimos ver.
    Hablábamos una hora por teléfono casi todos los días.
    Finalmente nos pusimos de novio en abril, un quince, un sábado santo en un lugar maravilloso al que viajé para que finalmente nos encontráramos.
    Me acuerdo que me regaló un Pico dulce, un chupetín ,cuyo palillo aún conservo. Me regaló cosas más importantes, no materiales pero no quiero contarlas en público. Pasó todo muy rápido y casi no me di cuenta de que estaba enamorada.Fue un gran amor, fue muy especial y me costó mucho superarlo. Un gran tipo, muy rico en valores.Amaba la familia y era muy familiero. Eso me encantó. Único.
    Rio se llevó una parte muy importante de mis jóvenes 20 hace ya más de 10 años.
    Pasaban mucho Cadillacs, Stones, Aerosmith.
    Gracias por el recuerdo. 🙂

  2. De nada Cecilia, no fui yo…

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