Una vez el viento me habló…

En las mudanzas no solo se mueven cajas y muebles sino también recuerdos. Ya casi instalada (solo me falta acomodar la biblioteca), abrí al azar una de las cajas que contenía libros y empecé a leer “El viento de la luna” de Antonio Muñoz Molina. Hace dos noches un pasaje del mismo me vino como anillo al dedo…” No hay ningún adulto cuya figura no proyecte hacia atrás la sombra perpetua de lo que hizo o de lo que le sucedió en otro tiempo”.
Atravieso el pasillo que conduce a mi casa actual y me parece estar atravesando el pasillo de la casa de mi infancia. Los recuerdos vienen. En el cantero de ese pasillo descansaba meteoro, mi tortuga, una vez se metió dentro del tacho de basura y nunca más la vi. Recuerdo la pelopincho en el patio y los licuados de banana de las tardes de verano. Los bombones que mi padre nos hacía con una gota de café en la azucarera. Mi primer novio escuchando a Spinetta en la casa del fondo (él tenía 14 años y yo 4 ó 5). Los tatuajes en la palma de la mano después de los almuerzos de los domingos (el artesano tatuador era mi papá, apretaba la cáscara de las mandarinas que comíamos sobre nuestras palmas y con el líquido y la figura elegida el tatuaje quedaba listo).
Hoy 30 años después empiezo a juntar recuerdos en esta nueva morada que me cobijará hasta que el contrato o las circunstancias de la vida deparen lo contrario.

Anuncios

2 Respuestas a “Una vez el viento me habló…

  1. Qué buen nombre para una tortuga, “Meteoro”!

  2. Es porque era una tortuga rápida.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s