Cuentos de tía abuela

Fue un día de la Independencia, lo recuerdo bien. Por ese entonces lo que hacía era teatro independiente. Debíamos aprovechar los días no laborables para armar la escenografía y ensayar. Alquilábamos una sala frente a la rambla de la calle 66 a una cuadra del parque Saavedra. Mariela agarró la cámara porque ya al mediodía mientras mirábamos el noticiero comiendo sopa de pollo y puchero sospechamos que algo mágico estaba por suceder. Faltaban pocas semanas para el estreno de la obra
“ La princesa rana”, basada en un cuento popular ruso. Habíamos desistido ya del efecto de la nieve en el escenario, lo que te dije, teatro independiente, casi sin recursos. De repente se detuvo el cronómetro y todos pegamos la ñata contra el vidrio, tomamos nuestras camperas y salimos a fotografiar la nieve. Fue la primera vez en mi vida que ví nevar, parecíamos niños, me acuerdo que salí con la peluca y parte del vestuario de uno de mis personajes. Esto es un buen augurio, pensamos, la obra va a ser un éxito, lástima que no tenemos todos los trajes, sino flor de fotos para publicidad nos hacemos. Ya ves, el primer año que hice una obra de teatro infantil, fue también el primer año en que vi nevar. ¿Qué? ¿Qué si fue un éxito la obra? Eso te lo cuento otro día, ya es tarde y hay que dormir.

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5 Respuestas a “Cuentos de tía abuela

  1. Mirá vos que recuerdo trajiste!!!… si mi memoria no falla, ese año estaba de vacaciones, sin plata, envidiando a los que disfrutaban de la nieve en el sur… y de repente por la ventana veo los copitos de nieve blanqueando la calle… salimos con mis hijas, en ese tiempo tenían 4 y 6 años, y nos sacamos fotos, filmamos, hicimos muñequitos… un sueño. La cara de ellas viendo caer la nieve aún hoy me emociona… unos dias después fuimos a ver tu obra de teatro que realmente fué… bueno lo que fué lo dejamos para otro post, es tarde y hay que dormir…

  2. Mencion en mi blog… pasate… saludos…

    Cuando el arte ataque

  3. Yo vi muchas veces nieve, en muchas partes, en Argentina y en otros países. Que nieve en Buenos Aires es algo especial, paseaba por la calle y sonreía, y toda la gente también. Hoy llegué al trabajo (en el campo) y todo era nieve: los árboles, las ovejas, el chalet, los autos. Naturalmente volví a sacar la cámara; naturalmente, todos trabajaban con una sonrisa en la boca.

  4. Sí, también recuerdo la mañana siguiente, hacía muchísimo frío, enseguida sonreí al ver circular los autos con nieve encima. Los árboles y los techos de las casas estaban blancos, casi pierdo el colectivo por mirar el paisaje nevado de mi ciudad.

  5. Yo había salido a prender la bomba de agua y noté que una especie de pelusa tímida caía del cielo. “¿Ceniza?”, pensé. Pero después entré a casa y les dije a todos: “vengan a ver: me parece que está nevando”. Todavía recuerdo el improbable muñeco de nieve que los chicos hicieron en mi patio y la nata blanca cubriendo mi jardín…

    (Coincido con Leandro: lo sobrecogedor no es tanto la “nieve en sí”, sino la experiencia de lo improbable)

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