Un día como otro de una semana cualquiera

Los hechos y/o personajes del siguiente relato son de ficción, cualquier semejanza con la realidad correrá por vuestra propia imaginación.

Si tuviera una hija la llamaría Ludmila, como por ahora no pienso hacerlo, le pondré ese nombre al personaje principal del siguiente evento.

A media mañana sonó el teléfono, una voz femenina dijo del otro lado del tubo: hoy a las 14 hs hay una reunión a la que estás formalmente (la voz femenina en cuestión, casi siempre hablaba formalmente) invitada. A Ludmila no le agradaban este tipo de reuniones, pero no tenía opción. Todavía quedaban un par de horas, organizó sus tareas entre las cuales estuvo comerse un buen sándwich de milanesa de pollo con jamón y queso en pan francés. La hora llegó. La voz formalmente femenina, esta vez de cuerpo presente dijo: vayan pasando, deberíamos traer algunas sillas. A Ludmila le tocó una con respaldo. Contó cuantos eran. La sumatoria con ella incluida daba 13 (trece que te parece) como la última cena. Doce personas reunidas en derredor de Jesús. Claro que quien presidía la reunión no era Jesús, hay! pero como se le parecía, soberbio y resucitado, queriendo tener la verdad absoluta y con todo el mundo sirviéndole, sigan mi palabra repetía mientras leía algo que no había escrito. Ludmila no llevaba reloj, pero sabía que el tiempo corría, para ella era igual que esperar un colectivo un domingo, solo que esta vez no podía encender un cigarrillo. En un momento bajó la vista esperando que nadie más lo hiciera, al menos que nadie lo hiciera con la vista dirigida a sus pies, la combinación de colores entre medias y zapatos era realmente inapropiada. Sintió una especie de envidia hacia alguna de las mujeres allí presentes, ¿como hacen para estar siempre arregladas? , ¿a qué hora se levantan?, ¿no se mojan cuando llueve? ¿tienen caries? Lo que era seguro era que su mente vagaba por otros lugares. Mientras de fondo sonaban estrategias de venta, ella planeaba estrategias para cambiar su vida. No emitió casi palabra, algo fuera de lo común tratándose de Ludmila, solo comentó algunas cosas por lo bajo y asintió moviendo suavemente la cabeza en otras oportunidades. La reunión llegó a su fin. Como los apóstoles todos los concurrentes salieron a transmitir la palabra. Ludmila también lo hizo, sabiendo que tenía a su alcance (de vez en cuando) una válvula de escape.

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