Dentista

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Los consultorios de los dentistas son algo realmente detestable. Siempre odié sobre manera acudir a ellos. De chiquita me llevaba mi mamá, claro, quería que tuviera los dientes bien derechitos y no le importaba que la dentista me ajustara unos alambres haciéndome ver las estrellas. La boca es un bien preciado y no hay nada mejor que poseer una hermosa sonrisa, de dientes blancos y derechos, la sonrisa es el marco de la cara y si soñás que se te caen los dientes es porque te vas a morir. Después de cada comida, antes de dormir y al levantarte nunca te olvides de cepillarte, que el dentífrico con gusto a frambuesa, que el blanqueador, que no tomes café, que no fumes, que el hilo dental en la cartera. La cantidad de precauciones que hay que tener para conservar los dientes es realmente extensa. Nos engañan con el ratoncito cuando somos chiquitos, pero la plata que deja el ratón por más que la conservemos no alcanza para nada a la hora de hacernos la prótesis. De pequeña era hermosa sin dientes, ahora si se me llega a caer uno debo correr a la dentista, para que me lo arregle o condenarme a no sonreir más. Una vez llegué a pegarme una corona con poxipol a riesgo de morir intoxicada.
Un día, tras haber postergado varias citas con excusas tales como se me derramó la leche (esa que te hacen tomar por el asunto del calcio) y tuve que limpiar la cocina porque odio el olor a leche derramada y el señor de los músculos jamás se aparece en mi casa o salí en la bicicleta y en la primer esquina unos vidrios que quedaron de algún choque me pincharon la rueda delantera dejándome sin posibilidad de seguir, porque para colmo de males, los consultorios en cuestión nunca quedan cerca de tu casa. Bueno, como decía un buen día no tuve más remedio que llegar hasta ese lugar de tortura, el horario era el previsto, lo tenía anotado, pero como no podía ser de otra manera tuve que esperar. El ruido del torno y los gritos de otra mujer desesperada diciendo, no, no, no me hagas doler!, me impacientaron.
Respiré hondo y empecé a hojear unas revistas. El casamiento de Susana con Huber ocupaba más de quince páginas. Que lujo, que hermoso vestido. Cuando me case voy a bajar por una escalera igual a esa. Todos tan lindos, todos con esas sonrisas tan hermosas, esos dientes tan blancos. Los minutos seguían corriendo. No quedaba otra que seguir leyendo alguna revista. Encontré una llena de test de personalidad…Continuará

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2 Respuestas a “Dentista

  1. Mari: Aunque este comment no tenga que ver con el contenido del post, quiero usarlo para felicitarte por “Habitaciones para turistas”, me enteré que le compraron los derechos para hacer la remake en EEUU. Te nos convertís en estrella del cine!

    Un beso grande,
    Tomás

  2. Gracias Tomás! El contenido del post no tiene nada que ver con nada! ja.

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