Acuerdo para cambiar de casa

Pasaron poco menos de dos años desde que los trasladé. Esta vez las ganas de embalar no me acompañaban, no quería pensar demasiado. Basta de ser tan metódica con todo! Basta de guardar cosas! Como podía ser que tuviera aproximadamente 100 cassettes entre originales y TDK. Recortes de notas en diarios de los años 80! Señaladores del día del amigo de amigas que no recuerdo!. Souvenirs de niños que ya deben estar por ser padres!.¿Cómo se puede guardar tantas cosas? Como si de guardarlas dependiera el recuerdo que puedo tener de ellas. No, no quiero recordar más, no a costa de tanto embalaje!
Con los libros es distinto, ellos son los primeros en prepararse siempre. De todos modos tampoco hubo tanta preocupación como aquella vez. El único privilegiado fue Borges. Viajó solo en dos cajas que ni siquiera catalogué por ser las únicas que en otros tiempos habían contenido botellas de vino tinto. Claro que ese privilegio, tuvo que pagarlo. En uno de los viajes, lo desembalé y lo dejé a cargo de la casa, ocupando el primer estante de una biblioteca de madera empotrada sobre una pared de ladrillo a la vista. Esta casa sí que le gusta, por eso salió enseguida y ocupó el mejor lugar, acá estamos todos felices…

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