Lecturas de peso

Como dijo Lucas hace unos días: La ley de gravedad no funciona en la literatura. Los libros pesados se hacen livianos. Leí también por ahí que las grandes novelas son las que tienen más de quinientas páginas. Por esas me estoy moviendo. Mientras aguardo para comprar “Casa de Ottro”, de Cohen, sigo leyendo a Proust. A los traductores de Proust. Acá me detengo nuevamente. Los tres primeros volúmenes los leí con la traducción de Carlos Manzano. Luego vino “Sodoma y Gomorra” traducido por Estela Canto. Más tarde “La Prisionera”, con la traducción de Marcelo Menasché. A tiro está “Albertina ha desaparecido” esta vez traducido por Pedro Salinas. Encima de todos está la interpretación propia. La del momento de la lectura. Hasta ahora el Prost que más me ha gustado es el de Estela Canto. Quizá por ser mujer, no lo sé. No leo demasiada literatura femenina. Creo también que si supiera francés encontraría a otro Proust. Como si la escritura no solo fueran las palabras escritas, sino también la interpretación, el momento exacto en el que el libro se abre. El momento exacto en que los libros nos encuentran. La posibilidad de elevarse y flotar.

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