Todos crecimos sin entender…

Gran parte de mi infancia la pasé en una casa de Ensenada. Era la tercer entrando por un pasillo con canteros de piedra mar del plata de un lado y una gran enredadera del otro. En la última casa vivía una familia compuesta por un matrimonio y sus tres hijos varones. Me enamoré a los 5 años del mayor de ellos. El tendría unos 14 o 15 años, por supuesto lo tomaba todo como un juego. Lo que más recuerdo de ese primer amor es la música que escuchaba. La aprendí como pude cambiando estrofas. La canción era Muchacha Ojos de papel de Spinetta. Pasaron muchos años para que volviera a descubrir al primer músico argentino que me gustó de veras. En este momento estoy escuchando un especial que están pasando en la radio sobre el recital del flaco y las bandas eternas. Hace unas horas dictaron la sentencia a un par de genocidas. Y ahí todo vuelve a mezclarse. En esa época Ensenada era un lugar en el que perseguían gente constantemente. Recuerdo como intentando que fuera un juego alguna noche tuvimos que escondernos debajo de la cama. También pasó tiempo para que pudiera entender que era lo que querían decirme. Hoy entiendo un poco más. Me llena de alegría escuchar a Spinetta y me llena de alegría que Videla muera en la cárcel.

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