Laberintos culturales

(Este es un post escrito no solo por mi, sino también por Tango II. )

Por lo general no me gustan los debates, me aburren, me molestan, me malhumoran. Rara vez participo, sobre todo si se agrede a gente que quiero. Claro que estoy hablando de un tipo de debate que, además, es virtual. En defensa virtual no controlo bien las palabras que digo y me dan muchas ganas de agredir, cosa que como dije al principio es lo que más me malhumora. Necesito tiempo, pensar, repensar. Toda esta introducción tiene que ver con que el debate del que hablo es algo que me quedó picando en la cabeza desde aquél día. ¿Qué es la cultura? ¿Quiénes hacen cultura? ¿Sólo es cultura lo que está reconocido por alguna mayoría? ¿Hay medios específicos para acceder a la cultura? Aquí  es donde estoy. ¿Cuál es mi modo de acceso a la cultura? Pienso: variado, muy variado. ¿Cuál es el que más me gusta? El de boca en boca por decirlo de algún modo. Desde que abrí el blog, por ejemplo, mi acceso a la cultura o a manifestaciones artísticas (esto era lo que para alguien no es cultura) se acrecentó. Las empatías llevaron a que me interesara leer algún autor, escuchar algún disco, ver alguna película. Lo más interesante incluso, es que además estas personas, las detonadoras digamos, también escriben, ven, recomiendan: hacen cultura. Pero claro que no ha sido el único medio. Han sido calles, cuadras que se van abriendo y conducen por caminos que, en principio, no sabía a donde me llevarían. La radio es otro medio del que me sirvo. Adoro escuchar programas que me abran la cabeza, que no repitan lo que hay que pasar. Los músicos otro tanto, a partir de uno, escucho a otro. También puede pasar que abra un libro, lo lea, dentro de ese el autor nombre a algún otro, y hacia allí vaya. Estos son los modos, o los medios que me gustan para acceder a la cultura. Que gracias a amigos pueda ir a una librería en San Telmo a ver una película con argumento y guión de Borges, que no sabía que existía, y luego compartir un vino, un café, una buena charla. Podrá venir alguien a decirme que soy inculta por no saberlo desde antes. Podrán decirme que si no leí a Joyce no sé lo que es la literatura. Podrán decirme también que si no reconozco una sinfonía de Beethoven, no puedo hablar de música. Podrán decirme eso, y muchas cosas más, yo seguiré metiéndome por caminos, chocando contra las paredes, volviendo atrás, releyendo, escuchando, viendo, sintiendo, recomendando, conociendo, viviendo,  indagando, observando, intuyendo, acrecentando, perdiéndome en laberintos…

(A partir de aquí, como dije al principio, un esbozo de respuesta a cargo de Tango II, no dejen de visitar sus dibujos)

Después de releer el debate me di cuenta que todos caímos en un gran error y le terminamos siguiendo el juego al imbécil este: Asociamos automáticamente cultura y arte. Esto tiene un buen motivo, el debate surgió por una publicación de un evento sobre manifestaciones artísticas. Pero más allá de eso, cultura es toda realización humana. En la dialéctica del amo y el esclavo, este último es, podríamos decir, el vencedor. El esclavo es quien hace cultura, desde un simple utensilio hasta el postre, para la cena del amo.

Me parece que el humano no sólo es social, sino que también, y como correlato de su vida en sociedad, es esencialmente cultural. No existe comunidad, no puede existir sin cultura y viceversa. La cultura es un hecho social, es lo que une a sus individuos en una historia común, la que los define como individuos de una comunidad. Es la cultura la que nos da la posibilidad de sentir empatía con el otro; con un otro que  comparte nuestro pasado, nuestra cultura.

Por esto, el término “inculto” me parece un sinsentido. No conocer a Shakespeare no quiere decir que no se participe de ese supuesto grupo selecto que sí puede acceder a la cultura. Uno se conecta con la tradición hasta lavando una lechuga. Un lindo ejemplo de esto es el capítulo 105,
de Rayuela que, como sé que lo tenés en tu biblioteca, te invito a leerlo.

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10 Respuestas a “Laberintos culturales

  1. Los que unos llaman cultura para otros es basura. Hay quien entiende “cultura” por el folklore local y piensan que la música pop extranjera es un invento comercial, no un reflejo cultural tan real como el folklore. Hay quien cree que leer gente como Paul Auster es ser culto, mientras que ven a Shakespeare como una forma anticuada de la novela romántica. Otros piensan que Shakespeare es el centro de toda expresión literaria de valía en Occidente. El término “inculto” no es un sinsentido: es una forma de valorar el conocimiento en relación a una perspectiva en particular. Naturalmente, ese adjetivo es un juicio crítico que puede valer en principio para el que lo emite, pero es de poca o nula utilidad para quien es así juzgado, porque seguramente no coincidirá con el contexto desde donde es mirado.

  2. Tango. Sí, el de arriba.

    Eso sólo si seguimos contemplando la cultura como un conjunto de manifestaciones artísticas, pero todas las prácticas cotidianas están determinadas por la cultura. Por esto es que digo que es un sinsentido. Está bien, todos los sinsentidos tienen cierto valor para el que los emite, lo mismo pasa con los prejuicios.
    En síntesis, no hay, no puede existir, un conjunto de personas que integren la “incultura”.

  3. Entiendo que tu punto es que no existe una persona inculta, así en términos absolutos, una persona que no sea “culta” al menos en referencia a la cultura a la que pertenece. Si estamos de acuerdo en que la cultura es la suma del conocimiento de un contexto dado (social, artístico, tecnológico, etc.), el grado de ese conocimiento en una persona cualquiera es necesariamente variable: habrá quien conozca con profundidad el ámbito donde vive y respira y domine con suficiencia una buena parte de sus muchos aspectos, y habrá quien apenas roce superficialmente los cánones de su propia comunidad. Si puede admitirse que esa diferencia existe, si el conocimiento puede ser comparado y sometido a un juicio, habrá un epíteto que designe el grado de ese conocimiento, habrá un “culto” y un “inculto”, sin implicar que alguien inculto lo ignora todo, de la misma manera que “culto” no significa la posesión completa del saber. Nadie diría que “ignorante” es una persona que no sabe absolutamente nada (el diccionario cautamente alega que califica a quien “no tiene noticia de algo”); en el mismo sentido se debería pensar respecto a “inculto”.
    Noto que en esta época hay una desconfianza especial a los adjetivos. Bajo intenciones benevolentes, se abusa o se aborrece de ciertos calificativos; hay una gran ansiedad por reemplazar palabras que parecen ser sinónimos de insultos por otras que mañana correrán la misma suerte, o bien de desterrar algunas miradas críticas que se sospechan peligrosas o denigrantes. Por dar un sólo ejemplo local, nuestra primera mandataria está muy ganosa de que se utilice “presidenta”, sin importar que no se utilice, digamos, “estudianta” o “residenta”, ni mucho menos “presidento”. Es una batalla del ámbito del derecho de la mujer que se corre al ámbito de las palabras, un intento de validar en la forma algo que se teme que no esté validado en el fondo. Batallas linguísticas similares se libran respecto a la diversidad racial, a la diversidad sexual, a la patología, a las capas sociales, batallas que sólo tienen por objeto desplazar semánticas momentáneamente, dar un ropaje de sofisticación a la diferencia, o alentar neologismos en ambos lados del conflicto.

  4. Hace un rato mi hermana me comentaba algo de esto mismo que estamos hablando, poder separar los conocimientos adquiridos, con la apropiación de estos lugares de saber.
    Por estas cuestiones de asociación libre que suelen poseerme, me vino a la cabeza la película “El artista”, en una de las escenas, alguien con “muchos conocimientos”, intenta explicar que es lo que tienen delante (un cuadro, que jamás se ve), la escena está cargada de definiciones, de nombres y de significantes, hasta que al final, algo convence a quien no llega ( o al menos eso aparenta) a comprender las definiciones, la obra está en quien la mira. Así, la cultura, es de quien logra apropiarse de ella.

    (Por cierto, que bueno que hayas pasado por aquí Leandro)

  5. Siempre paso, aunque no comente mucho. Muchas veces pienso en la idea de la apropiación de cierto conocimiento, por ejemplo, la literatura. La cantidad de libros que hay, de escritores, de ensayos sobre esos libros y escritores… uno siente esa suma como infinita. Yo leo y releo unos pocos libros y unos pocos escritores; de eso puedo aspirar a apropiarme, de un número pequeño que aún así siento infinito. Mis escritores no superarán la veintena. Casi ninguno está vivo, de manera que el número de libros que ofrecen es constante. Los libros de mi biblioteca son pocos; los que leo y no me gustan los regalo, no los guardo, aún los de los escritores que aprecio. No he leído todas las obras de Shakespeare, y sin embargo releo unas pocas frecuentemente. Estos escritores son como un puñado de amigos: nadie tiene mil amigos. Con los años, la cantidad de amigos se reduce, los lazos se vuelven más profundos. Abrir un libro para mí es ir a visitar a un amigo, conversar con él nuevamente de los temas que se comparten, que son distintos con cada amigo. Y como los años pasan, los libros se modifican, aunque la letra permanezca inmóvil. Lo que otros llaman apropiación es para mí el nivel de confianza que uno logra con un escritor, cuánta intimidad se comparte, si se ha llegado al momento en que se empieza a percibir el carácter de lo que se dice en lo que se dice. Frente a estas relaciones, la discusión sobre la cultura no tiene importancia. Otras personas leen libros para los demás.

  6. Con los libros, me pasa algo particular. Muchos de los que tengo aguardan ser abiertos, a otros los abro cuando un recuerdo me lleva a hacerlo, muchas veces, abro un libro cualquiera en cualquier parte y leo. Alguna vez he pensado que me encantaría poder hacer con un libro, lo que hago con algunos discos, esos que no dejo de escuchar, esos discos que a pesar de los formatos, me siguen acompañando. Ahora me encuentro releyendo a Proust, encontrarme con notas de hace un par de años, releerlo desde cualquier parte, releer una y otra vez algún pasaje, que cada vez me diga algo distinto..
    Hace un rato asistí a una charla sobre Arlt y Cortázar, por un lado me presentaron a Arlt de forma (usaré un adjetivo) académica, a la hora de hablar de Cortázar, quien lo presentó lo hizo del modo en que me gustaría que me presentaran a todos los autores, sin leer, sin importar ( a pesar de saberlas) las fechas exactas, hablando del hombre, del escritor, bromeando entre medio.
    Y ya para terminar, tampoco leí las obras de Shakespeare completas, lo que sí estuve leyendo son los artículos sobre la traducción, en ellos creo que también hablás de algo que, en algún punto, puede unirse a estas charlas.

  7. Deploro la academia, pero especialmente la academia de letras. La literatura para mí es una comunión íntima, una experiencia entre el libro y yo. En Letras todo está tercerizado. Prefiero alguien que ha leído y no alguien que le han hecho leer, o peor: que le han indicado cómo hacerlo. Eso que decís se pudo ver perfectamente en el programa de Piglia de Canal 7, ese contraste entre la pasión literaria de Piglia en su hablar y la pasión por el alarde intelectual en algunos de sus invitados y en los que preguntan del público. Como te decía antes, son gente que lee para los demás, no lee por el placer de la lectura. Para tratar de entroncar otra vez con tu post original, es una forma de la vanidad: alguno comprará zapatos y otro comprará libros; algunos se pondrán rouge en los labios y otros se pondrán nombres de escritores. El fin de la lectura, de escuchar música, de mirar una película, tiene que ser el deleite estético, y mal que le pese a muchos, ese deleite es personal y no puede ser enseñado, porque depende de todo lo que viviste. Tus textos hablan continuamente de esto: Charly, o Spinetta, funcionan para vos de alguna manera como la banda de sonido en una película, o como las ilustraciones en un libro, son parte de tu vida y tu forma de percibirlos, de afectarte con lo que hacen, depende de eso que viviste con ellos. Eso está, por ejemplo, en ese texto tuyo sobre los Red Hot Chili Peppers, y estoy seguro de que lo que tu sobrina sacó del recital es diferente en términos sintácticos (por decirlo de alguna manera) de lo que sacaste vos, quiero decir, cada una habrá recibido en forma diferente el aluvión de notas, cada una habrá transformado a través de sus filtros y sus experiencias la música en emociones, en significados. Por eso no se puede enseñar el deleite estético: uno sólo puede ir a tientas hasta que encuentra una vena de estímulos y la sigue, y es una busca tan personal como incierta. Toda otra conversación sobre el arte es vanidad, y en gran parte es la razón por la que cada vez escribo menos en Seikilos.

  8. Engancho lo dicho y pienso (escribo), que también ando poco por este lugar, que durante mucho tiempo estoy en lucha constante con el modo de escribir, que mientras me piden que lo haga de una determinada manera, más me cuesta. Ingresé en la facultad para ordenar un poco todo lo que rondaba en mi cabeza, no pienso ahora en cuando me recibiré, ni siquiera sé si llegaré a hacerlo, mientras tanto, sigo. De vez en cuando releo viejos post, siento que son como un cuaderno de apuntes, pequeños registros, no más que eso, no menos que eso.
    Gracias una vez más Leandro.

  9. Esta discusión me pareció fructífera. tanto que desearía compartirla en mi muro.

  10. Gracias. No hay problema con hacerlo, nosotros también hicimos lo propio en su momento.

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