El recital que quiso ser…

Seguramente ha sido, pero no estaba allí para presenciarlo. Relataré los hechos a los que hago referencia intentando hacer que contengan lo que quiero expresar. Sábado a la noche, entradas ganadas por sorteo para presenciar el recital que daría en la ciudad Hilda Lizarazu en lo que antes era La trastienda (hoy LP music). El recital estaba anunciado a las 20hs, tocaría una banda soporte y luego Hilda. Sabiendo que este tipo de eventos nunca empiezan puntualmente pero a la vez esperanzada en que sí ocurra, concurrimos pasados unos treinta minutos de dicha hora. Debíamos aprovechar a fumar un cigarrillo antes de entrar, de paso los minutos seguirían corriendo. El frío comenzó a sentirse. Ok, entremos. La planta baja ya estaba ocupada, nos quedaba intentar conseguir algún puf (o como se llamen esas cosas cúbicas cubiertas de cuerina blanca, sin respaldo y sin posibilidad de comodidad alguna). Los minutos seguían corriendo. Una sola barra en lugar, un par de mozas, quizá alguna se acerque y le podamos preguntar si se puede comer algo, o al menos tomar una cerveza. Al consultar los precios, desistimos de comer un pedazo de maza con algo de queso encima y solo pedimos una cerveza ( a un precio 4 veces mayor que el de supermercado chino). La banda soporte finalmente subió al escenario pasadas las 21 hs. La cerveza ya estaba casi consumida, para ir al baño tendría que bajar escaleras, caminar, etc. A estas alturas el hambre comenzaba a acechar. Era el momento de decidir que hacer. ¿Y si vamos a comer una mila con fritas al bolichón? Y bueno… Así es como antes de que saliera Hilda abandonamos el reducto.
La noche no fue la planeada, pero no por eso fue mala, al contrario. La milanesa y el super flan de postre estuvo buenísimo. No relataré los detalles que siguieron porque no vienen al caso.
El caso es el siguiente. Siento que ya estoy grande para este tipo de cosas, no me gusta la falta de respeto, hacia el público y hacia los artistas mucho menos. Este tipo de lugares que se han puesto de moda, lo único que hacen es llenarse los bolsillos. El público gasta un dineral y el artista (sobre todo las bandas soportes) no creo que se lleven demasiado dinero. Siempre disfruté de ir a recitales, pero siempre también (salvo cuando iba al Boulevard del Sol) preferí ver a los músicos que me gustan sobre el escenario de algún teatro. Con la acústica que se merecen, con la comodidad que tanto ellos como nosotros nos merecemos, con la satisfacción de pagar una entrada y que ningún productor vende cerveza se llene los bolsillos de plata. Seguramente tendré que resignarme como a tantas otras cosas. De todas maneras, la música seguirá formando parte de mi vida.

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