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Confesiones de verano

Cuando tenía 17 años fui a ver a Fito Páez al centro de Bahía (en la ciudad de La Plata), presentando el disco Ey!. En ese tiempo Fito se ataba la mitad del pelo, de costado. Cuando terminó el recital el lugar se convertía en boliche. Empezamos a dar vueltas con una amiga y en un momento lo vimos. Me puse delante de él y le dije: Fito, dame algo. Él respondió: sacame lo que quieras. Así fue como le saqué la gomita del pelo, es de las comunes, color rosa. Aún hoy la conservo, pese a las mudanzas, en un alhajero. (Si Daniela Cardone viaja con su gato embalsamado, yo puedo conservar ese tesoro)

A mi el verano no me inspira, a mi el verano me transpira..

El recital que quiso ser…

Seguramente ha sido, pero no estaba allí para presenciarlo. Relataré los hechos a los que hago referencia intentando hacer que contengan lo que quiero expresar. Sábado a la noche, entradas ganadas por sorteo para presenciar el recital que daría en la ciudad Hilda Lizarazu en lo que antes era La trastienda (hoy LP music). El recital estaba anunciado a las 20hs, tocaría una banda soporte y luego Hilda. Sabiendo que este tipo de eventos nunca empiezan puntualmente pero a la vez esperanzada en que sí ocurra, concurrimos pasados unos treinta minutos de dicha hora. Debíamos aprovechar a fumar un cigarrillo antes de entrar, de paso los minutos seguirían corriendo. El frío comenzó a sentirse. Ok, entremos. La planta baja ya estaba ocupada, nos quedaba intentar conseguir algún puf (o como se llamen esas cosas cúbicas cubiertas de cuerina blanca, sin respaldo y sin posibilidad de comodidad alguna). Los minutos seguían corriendo. Una sola barra en lugar, un par de mozas, quizá alguna se acerque y le podamos preguntar si se puede comer algo, o al menos tomar una cerveza. Al consultar los precios, desistimos de comer un pedazo de maza con algo de queso encima y solo pedimos una cerveza ( a un precio 4 veces mayor que el de supermercado chino). La banda soporte finalmente subió al escenario pasadas las 21 hs. La cerveza ya estaba casi consumida, para ir al baño tendría que bajar escaleras, caminar, etc. A estas alturas el hambre comenzaba a acechar. Era el momento de decidir que hacer. ¿Y si vamos a comer una mila con fritas al bolichón? Y bueno… Así es como antes de que saliera Hilda abandonamos el reducto.
La noche no fue la planeada, pero no por eso fue mala, al contrario. La milanesa y el super flan de postre estuvo buenísimo. No relataré los detalles que siguieron porque no vienen al caso.
El caso es el siguiente. Siento que ya estoy grande para este tipo de cosas, no me gusta la falta de respeto, hacia el público y hacia los artistas mucho menos. Este tipo de lugares que se han puesto de moda, lo único que hacen es llenarse los bolsillos. El público gasta un dineral y el artista (sobre todo las bandas soportes) no creo que se lleven demasiado dinero. Siempre disfruté de ir a recitales, pero siempre también (salvo cuando iba al Boulevard del Sol) preferí ver a los músicos que me gustan sobre el escenario de algún teatro. Con la acústica que se merecen, con la comodidad que tanto ellos como nosotros nos merecemos, con la satisfacción de pagar una entrada y que ningún productor vende cerveza se llene los bolsillos de plata. Seguramente tendré que resignarme como a tantas otras cosas. De todas maneras, la música seguirá formando parte de mi vida.

Las palabras solo sirven para echarlo todo a perder. ¿Cuánto hace que leí eso? ¿En qué libro fue? Lo recuerdo perfectamente, de todos modos no viene al caso. Cada día la misma pregunta sin respuesta. ¿Se sigue? ¿Cómo? ¿Acaso se puede?. Serán solo recuerdos estos días. Gratos recuerdos. Tristes recuerdos. Contar la vida como si fuera una historia. Creer que estoy dentro de una historia. Sentirme protagonista a veces, sentirme un personaje del reparto otras. Muchas otras. No soy siquiera quien escribe. Un ser me posee y dicta las palabras. De repente la mente reacciona y lee. Los dedos van y vienen. Borran, siguen. Ahora la voz se calla. Siento que está cansada de dictarme. Está cansada de justificar mis actos. La cabeza se embota. La mia, que en este momento está sobre mis hombros. Soy solo un cuerpo, quieto, sentado frente a una pantalla. Los espacios en blanco se van cubriendo de símbolos. No los distingo, casi ni los leo. Lo haré más tarde. Lo haré otro día. Todo seguirá, como siempre, mutando, cambiando, languideciendo, menguando, apagándose. Ahora me asaltan unas ganas locas de desaparecer del mundo. De pasar a ser solo esto, un manojo de letras desperdigadas. Que quien lo encuentre no pueda descifrar lo que se esconde tras ellas. Que ni siquiera pueda saberse quien es la que las escribió. Si no fuera por el dolor de espalda podría pensarse que ni siquiera tengo un cuerpo. Pero ahí está, el dolor, el mismo que hace tiempo. El del peso ¿El peso de qué? Será hora de cambiar la carga. De recuperar fuerzas. De transformar lo dado.

Tamiz

Fue Marcel el primero que me habló de ellos. Lo recuerdo como si fuera hoy, me dijo: “fijate si ves mejor con estos o con estos otros.” Reconozco mi escepticismo al respecto. Gracias al cielo, hubo alguien que sí lo tomo en serio y en el mismo instante en que su tía preparaba un bizcochuelo H. R. Jauss, tuvo una iluminación. Si la tía tamiza el harina para que la torta no tenga grumos, crearé unos lentes que tamicen la mirada para que la realidad tenga otro gusto. Como H. R. sabía de mi amistad con Marcel, enseguida me llamó para que lo ayude. Además, es un hombre previsor, y también sabía que yo: Magdalena P. sería la mejor para promocionar el invento. Las primeras pruebas las hicimos en el laboratorio. ¿Qué ves? ¿Qué vez cuándo me ves? repetía H.R. Veo, veo, creo que veo menos mal. Tal fue mi primer respuesta. Jaussito (así me gustaba llamarlo) saltaba por todo el cuarto. “Creo que lo estamos logrando, gritaba. Con tu mirada o la mirada de cualquier otro y estos lentes, la realidad puede cambiar. Podemos crear nuevos horizontes de expectativas. Dejando de lado la tradición. Desafiando el destino. Salgamos a la calle! No es lo que se ve, es quien y como se mira!” Y así fue, no es que la vida haya pasado a ser color de rosa en todos sus aspectos, de hecho mejor que no lo sea, el rosa es un color horrible, lo que ocurre cuando uno usa estos lentes es que la mirada se relaja, se toma su tiempo, lo recupera… Pero ya basta de historia, ahora sí, voy a nombrarles algunos de lugares recomendados para usarlos: Cuando vaya al supermercado: en esos lugares el super lente tamiz le permite leer más allá de las ofertas, recordar que es lo que necesita, esquivar los carteles y, al momento de llegar a la caja, festejar que no compró cosas al pedo!. Y hay más…recomendables para viajar en subte B a las 18 hs, allí, podrá detectar de modo casi inmediato a los punguistas, vendedores ambulantes, empujadores y transpirados, etc. Hay personas que los usan, para leer determinados diarios, otras, para no leerlos. No se ha experimentado aún en niños, estamos convencidos, que ellos no los necesitarán si los adultos comienzan a mirar de otro modo. Cada uno de los usuarios puede encontrar el lugar adecuado para usarlos, estamos creando un grupo donde la gente va dejando sus comentarios, maridos que los usan para acompañar a sus mujeres de compras, mujeres que los usan para ver a sus maridos mientras ellos (también con los lentes puestos) ven algún partido de fútbol. Ya ven, miles de personas los están usando, la revolución ha comenzado, no intentamos crear realidades paralelas, intentamos hacer que cada uno tenga la mirada propia. Atrévanse a tamizar la mirada! Verán que bien sale! Realidad sin grumos, realidad tamizada!

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Oracion Proustiana

Marcel nuestro que estás en las letras
santificado sea tu nombre
venga a nosotros tu talento
hágase tu búsqueda así en la tierra
como en el cielo
danos hoy la magdalena nuestra de cada día
perdona nuestros olvidos
así como nosotros perdonamos a los que nos olvidan
no nos dejes caer en la desesperación
más líbranos de Bucay
Amén.

Asociación libre

¿Es libre? ¿Son libres mis pensamientos? Por momentos creo que sí lo son. ¿Y mis acciones? Bueno, bueno, no siempre. La decisión por delante. Las expectativas detrás. ¿Será al revés? Lleno los espacios de esta hoja (que no es hoja) en blanco. Pienso. Me detengo. Borro, sigo… Canturreo canciones que apenas conozco. ¿A qué venía todo esto? A sí, sí, ya sé: a asociar una cosa con otra. Si escucho Super Tramp me acuerdo de la película Magnolia. Alguien habla de armonía y me pongo a tararear el tema de los Peligrosos Gorriones… “la armonía siempre acampa en el desierto y es mi amiga: la alegría”. Leo palabras escritas en japonés y recuerdo la película Perdidos en Tokio. Entonces, lo que es libre es este modo de viajar en el tiempo. De unir momentos. De interceptar estados. De dejar que pase. Que una poesía me recuerde una escena de Mulholland Drive. Que una canción me traslade a la casa de la infancia. Que una lectura me trasporte a una charla de otro tiempo, de otras calles. Que una tarde cualquiera escriba esto, cuando debería estar escribiendo otra cosa.

Laberintos culturales

(Este es un post escrito no solo por mi, sino también por Tango II. )

Por lo general no me gustan los debates, me aburren, me molestan, me malhumoran. Rara vez participo, sobre todo si se agrede a gente que quiero. Claro que estoy hablando de un tipo de debate que, además, es virtual. En defensa virtual no controlo bien las palabras que digo y me dan muchas ganas de agredir, cosa que como dije al principio es lo que más me malhumora. Necesito tiempo, pensar, repensar. Toda esta introducción tiene que ver con que el debate del que hablo es algo que me quedó picando en la cabeza desde aquél día. ¿Qué es la cultura? ¿Quiénes hacen cultura? ¿Sólo es cultura lo que está reconocido por alguna mayoría? ¿Hay medios específicos para acceder a la cultura? Aquí  es donde estoy. ¿Cuál es mi modo de acceso a la cultura? Pienso: variado, muy variado. ¿Cuál es el que más me gusta? El de boca en boca por decirlo de algún modo. Desde que abrí el blog, por ejemplo, mi acceso a la cultura o a manifestaciones artísticas (esto era lo que para alguien no es cultura) se acrecentó. Las empatías llevaron a que me interesara leer algún autor, escuchar algún disco, ver alguna película. Lo más interesante incluso, es que además estas personas, las detonadoras digamos, también escriben, ven, recomiendan: hacen cultura. Pero claro que no ha sido el único medio. Han sido calles, cuadras que se van abriendo y conducen por caminos que, en principio, no sabía a donde me llevarían. La radio es otro medio del que me sirvo. Adoro escuchar programas que me abran la cabeza, que no repitan lo que hay que pasar. Los músicos otro tanto, a partir de uno, escucho a otro. También puede pasar que abra un libro, lo lea, dentro de ese el autor nombre a algún otro, y hacia allí vaya. Estos son los modos, o los medios que me gustan para acceder a la cultura. Que gracias a amigos pueda ir a una librería en San Telmo a ver una película con argumento y guión de Borges, que no sabía que existía, y luego compartir un vino, un café, una buena charla. Podrá venir alguien a decirme que soy inculta por no saberlo desde antes. Podrán decirme que si no leí a Joyce no sé lo que es la literatura. Podrán decirme también que si no reconozco una sinfonía de Beethoven, no puedo hablar de música. Podrán decirme eso, y muchas cosas más, yo seguiré metiéndome por caminos, chocando contra las paredes, volviendo atrás, releyendo, escuchando, viendo, sintiendo, recomendando, conociendo, viviendo,  indagando, observando, intuyendo, acrecentando, perdiéndome en laberintos…

(A partir de aquí, como dije al principio, un esbozo de respuesta a cargo de Tango II, no dejen de visitar sus dibujos)

Después de releer el debate me di cuenta que todos caímos en un gran error y le terminamos siguiendo el juego al imbécil este: Asociamos automáticamente cultura y arte. Esto tiene un buen motivo, el debate surgió por una publicación de un evento sobre manifestaciones artísticas. Pero más allá de eso, cultura es toda realización humana. En la dialéctica del amo y el esclavo, este último es, podríamos decir, el vencedor. El esclavo es quien hace cultura, desde un simple utensilio hasta el postre, para la cena del amo.

Me parece que el humano no sólo es social, sino que también, y como correlato de su vida en sociedad, es esencialmente cultural. No existe comunidad, no puede existir sin cultura y viceversa. La cultura es un hecho social, es lo que une a sus individuos en una historia común, la que los define como individuos de una comunidad. Es la cultura la que nos da la posibilidad de sentir empatía con el otro; con un otro que  comparte nuestro pasado, nuestra cultura.

Por esto, el término “inculto” me parece un sinsentido. No conocer a Shakespeare no quiere decir que no se participe de ese supuesto grupo selecto que sí puede acceder a la cultura. Uno se conecta con la tradición hasta lavando una lechuga. Un lindo ejemplo de esto es el capítulo 105,
de Rayuela que, como sé que lo tenés en tu biblioteca, te invito a leerlo.