Oracion Proustiana

Marcel nuestro que estás en las letras
santificado sea tu nombre
venga a nosotros tu talento
hágase tu búsqueda así en la tierra
como en el cielo
danos hoy la magdalena nuestra de cada día
perdona nuestros olvidos
así como nosotros perdonamos a los que nos olvidan
no nos dejes caer en la desesperación
más líbranos de Bucay
Amén.

Asociación libre

¿Es libre? ¿Son libres mis pensamientos? Por momentos creo que sí lo son. ¿Y mis acciones? Bueno, bueno, no siempre. La decisión por delante. Las expectativas detrás. ¿Será al revés? Lleno los espacios de esta hoja (que no es hoja) en blanco. Pienso. Me detengo. Borro, sigo… Canturreo canciones que apenas conozco. ¿A qué venía todo esto? A sí, sí, ya sé: a asociar una cosa con otra. Si escucho Super Tramp me acuerdo de la película Magnolia. Alguien habla de armonía y me pongo a tararear el tema de los Peligrosos Gorriones… “la armonía siempre acampa en el desierto y es mi amiga: la alegría”. Leo palabras escritas en japonés y recuerdo la película Perdidos en Tokio. Entonces, lo que es libre es este modo de viajar en el tiempo. De unir momentos. De interceptar estados. De dejar que pase. Que una poesía me recuerde una escena de Mulholland Drive. Que una canción me traslade a la casa de la infancia. Que una lectura me trasporte a una charla de otro tiempo, de otras calles. Que una tarde cualquiera escriba esto, cuando debería estar escribiendo otra cosa.

Laberintos culturales

(Este es un post escrito no solo por mi, sino también por Tango II. )

Por lo general no me gustan los debates, me aburren, me molestan, me malhumoran. Rara vez participo, sobre todo si se agrede a gente que quiero. Claro que estoy hablando de un tipo de debate que, además, es virtual. En defensa virtual no controlo bien las palabras que digo y me dan muchas ganas de agredir, cosa que como dije al principio es lo que más me malhumora. Necesito tiempo, pensar, repensar. Toda esta introducción tiene que ver con que el debate del que hablo es algo que me quedó picando en la cabeza desde aquél día. ¿Qué es la cultura? ¿Quiénes hacen cultura? ¿Sólo es cultura lo que está reconocido por alguna mayoría? ¿Hay medios específicos para acceder a la cultura? Aquí  es donde estoy. ¿Cuál es mi modo de acceso a la cultura? Pienso: variado, muy variado. ¿Cuál es el que más me gusta? El de boca en boca por decirlo de algún modo. Desde que abrí el blog, por ejemplo, mi acceso a la cultura o a manifestaciones artísticas (esto era lo que para alguien no es cultura) se acrecentó. Las empatías llevaron a que me interesara leer algún autor, escuchar algún disco, ver alguna película. Lo más interesante incluso, es que además estas personas, las detonadoras digamos, también escriben, ven, recomiendan: hacen cultura. Pero claro que no ha sido el único medio. Han sido calles, cuadras que se van abriendo y conducen por caminos que, en principio, no sabía a donde me llevarían. La radio es otro medio del que me sirvo. Adoro escuchar programas que me abran la cabeza, que no repitan lo que hay que pasar. Los músicos otro tanto, a partir de uno, escucho a otro. También puede pasar que abra un libro, lo lea, dentro de ese el autor nombre a algún otro, y hacia allí vaya. Estos son los modos, o los medios que me gustan para acceder a la cultura. Que gracias a amigos pueda ir a una librería en San Telmo a ver una película con argumento y guión de Borges, que no sabía que existía, y luego compartir un vino, un café, una buena charla. Podrá venir alguien a decirme que soy inculta por no saberlo desde antes. Podrán decirme que si no leí a Joyce no sé lo que es la literatura. Podrán decirme también que si no reconozco una sinfonía de Beethoven, no puedo hablar de música. Podrán decirme eso, y muchas cosas más, yo seguiré metiéndome por caminos, chocando contra las paredes, volviendo atrás, releyendo, escuchando, viendo, sintiendo, recomendando, conociendo, viviendo,  indagando, observando, intuyendo, acrecentando, perdiéndome en laberintos…

(A partir de aquí, como dije al principio, un esbozo de respuesta a cargo de Tango II, no dejen de visitar sus dibujos)

Después de releer el debate me di cuenta que todos caímos en un gran error y le terminamos siguiendo el juego al imbécil este: Asociamos automáticamente cultura y arte. Esto tiene un buen motivo, el debate surgió por una publicación de un evento sobre manifestaciones artísticas. Pero más allá de eso, cultura es toda realización humana. En la dialéctica del amo y el esclavo, este último es, podríamos decir, el vencedor. El esclavo es quien hace cultura, desde un simple utensilio hasta el postre, para la cena del amo.

Me parece que el humano no sólo es social, sino que también, y como correlato de su vida en sociedad, es esencialmente cultural. No existe comunidad, no puede existir sin cultura y viceversa. La cultura es un hecho social, es lo que une a sus individuos en una historia común, la que los define como individuos de una comunidad. Es la cultura la que nos da la posibilidad de sentir empatía con el otro; con un otro que  comparte nuestro pasado, nuestra cultura.

Por esto, el término “inculto” me parece un sinsentido. No conocer a Shakespeare no quiere decir que no se participe de ese supuesto grupo selecto que sí puede acceder a la cultura. Uno se conecta con la tradición hasta lavando una lechuga. Un lindo ejemplo de esto es el capítulo 105,
de Rayuela que, como sé que lo tenés en tu biblioteca, te invito a leerlo.

Nunca podré decirte como es…

Si se abriera un concurso bajo el nombre: “¿Cuánto sabe usted de Charly García?”, seguramente varios de mis amigos o conocidos me alentarían a participar. Dudo que pueda pasar la primera ronda, pocas veces recuerdo a que disco pertenece tal o cual tema. Ni siquiera sé, la cantidad exacta de discos de estudio que posee. No poseo su discografía completa, o sí, tal vez la posea. Entonces pienso, es eso lo realmente importante. Como explicar lo que sé de uno de los músicos más influyentes de mi vida. Si no puedo contabilizar la cantidad de recitales a los que asistí. ¿Entonces? ¿Cómo se explica? Intento poner en palabras lo que realmente significa. Trasportarme en el tiempo. Dejar que algún recuerdo me invada, como el día en el que fue de invitado a un recital (que solo me costó 2 pesos) de Fernando Samalea. Ese día podría haber esperado, podría haberme quedado y esperar verlo de cerca. No lo hice. Tampoco fui nunca a tocar timbre a su departamento de Avenida Santa Fe. Pocas veces llevé una cámara para fotografiar o filmar los momentos. Hace casi un año cuando hice un recorrido de su vida mediante sus temas, descubrí cosas que ignoraba. Recordé momentos olvidados. Canté, lloré y bailé. Todo esto es lo que sé del bigote bicolor. Descubro cada día algo nuevo, mi cuerpo lo descubre. Me alegra que algún amigo que nació mucho después que yo, sepa más.  Quizá, nunca pueda decir como es, quizá algún día lo logre. Mientras tanto sigo descubriendo gracias a la radio y a la tecnología que todo lo puede, versiones nunca antes escuchadas (hasta el pasado sábado)… “I love you, I hate you, gimme more!”

Siempre es como la primera vez…

La primera vez que lo vi, quien estaba ahora a mi lado, era solo una semillita en la panza de mi hermana. Veintitrés años más tarde era la encargada de convencerme de ir nuevamente a ver a Charly García. ¿Cómo negarme? Así fue como sin dudarlo mucho (o quizá dudando solo un poco) sacamos las entradas para que ella lo viera por vez primera en vivo. Ir con mis sobrinas a ver a uno de los músicos más importantes de mi vida, le daba un toque aún mayor al evento. Lo que vino después me cuesta traducirlo en palabras. Ahí estaba Charly García anunciando que darían el mejor de los recitales, ahí estaban los músicos inundando el Luna Park de canciones. No puedo decir que estuvo increíble, hace rato que creo en su música. Puedo decir que Charly García sigue vivo, que las lágrimas que brotaron de mis ojos cuando entonó Anhedonia, hicieron que me diera cuenta que yo también lo estaba.

La casa era una fiesta

Tal es el recuerdo que vino a mi mente. Bastaba que mi padre comprara un disco para que la casa se transformara, con mis hermanos tomábamos asiento, como chinitos, en el suelo de la planta alta. Así escuchábamos los primeros vinilos que llegaron a la casa que habitábamos en Ensenada. El tiempo fue pasando, pero la pasión por escuchar discos no me abandonó más. Lo que sí cambiaron fueron los formatos, pasé de escuchar discos a escuchar casette y rebobinarlos con la birome bic, más tarde vino el cd y ahora el formato mp3, ese que te permite tener la cantidad de música que se te antoje. Hace unos días, con motivo de mi cumpleaños, mi sobrina me regaló un vinilo doble de Prince, hecho que hizo que me brotaran las lágrimas. Al instante me dijo: “tía, ahora sí que no tenés excusa, hay que arreglar la bandeja de discos”. Así es como el aparato se fue hacia el técnico encargado de tal empresa. El fin de semana volvió a mi hogar, recuperado. Enseguida me puse a escuchar no solo el disco de Prince, sino varios de los que aún conservo. La casa fue una fiesta…

La delgada cinta del tiempo.

Anoche, salí caminando por las calles de la ciudad que habito rumbo al Teatro Argentino. El camino de mi casa hasta allí lo recorrí en más de una oportunidad, he pasado muchas veces, seguramente más de la que pueda recordar, por la esquina que anoche se robó poderosamente mi atención. No fue la esquina, sino una casa, departamento, ubicado en un segundo piso. Allí en la ochava de la calle, un balcón, sobre el balcón, una escultura, desde abajo, y con la oscuridad de la noche, podría confundirse con una mujer, quieta, inmóvil. ¿Cómo no lo había visto antes? Comencé a imaginar que seguramente allí vive un coleccionista, o un escultor, o una señora que estaba limpiando, alguien con vida, detrás de la escultura. Así, luego de permanecer detenida unos minutos, retomé la marcha.
En la sala Tacec del teatro Argentino de La Plata, se presentaba “Archivo expandido” de Magdalena Arau. Poco sabía de lo que iba a ver. Apenas había leído un comentario al pasar. La ubicación estuvo perfecta, desde allí podría ver. Tres proyectores, tal vez más, radiograbadores, audios truncos, palabras entrecortadas, imágenes repartidas. Elegir que parte ver, elegir taparse los ojos, elegir mirar al que está sentado delante, mientras el que está sentado delante mira hacia la consola. ¿El sonido está fallando? ¿Esto es a propósito? ¿Qué es lo que quieren mostrarme? ¿Puedo elegir? Archivo expandido, es, para mi, todo eso junto, imágenes en super 8, diapositivas, el relato que no llega a ser y sin embargo es. En un momento un cartel dice: el pasado no es literatura. Tal vez no lo sea, tal vez el tiempo, el pasado tiempo, sea solo una sucesión de imágenes, arbitrariamente armadas. Pero esto es solo una mirada, la misma que minutos antes se había posado en el balcón de una casa…
Aquí el tráiler