Archivo de la categoría: Los libros de la buena memoria

Las palabras y las cosas.

Hace poco más de siete meses escribía: “Las palabras y las cosas están secándose”. Intentaba darle un sentido a lo que ocurrido. Por otro lado, había algo literal: uno de los libros que flotó en la casa era el de Foucault. Cuando empezó a bajar el agua, desde la habitación, me alcanzaron otro, uno de Proust, el mismo que había venido a cumplir años conmigo, aquél que compré 66 años después de su edición. La reacción primera fue el llanto. Luego seguimos sacando agua. Nada terrible había pasado. Solo hacían falta un par de secadores y ponerse a limpiar. Intentar dormir un poco. Seguir. La realidad era ficción. Al día siguiente, las calles eran parte de una película. La gente vagaba perdida. Los autos intentaban secarse. La plaza tenía huellas, demasiadas huellas. Las comunicaciones imposibles. Quería saber. ¿Cómo estaba el resto? Poco a poco todo iba reacomodándose. Los recuerdos perdidos, pasarían a formar parte de este otro recuerdo. El olor a humedad ya no sería el mismo de antes. Hoy, la ciudad en la que vivo, cumple 131 años. No hay festejos. Aunque intentaron que los hubiera. No hay motivo. Está demasiado latente todo. El dolor aún no mermó lo suficiente. Quiero a esta ciudad. Quiero a su gente. Creo en la solidaridad del vecino, del amigo, del desconocido, no creo en la solidaridad de los gobiernos de turno. En otro tiempo estaría organizando para ir al recital de Plaza Moreno. Hoy, sigo intentando recuperar libros. Puede sonar superfluo, pero en los libros encuentro la realidad que quiero, por eso tal vez el llanto primero fue por perder parte de esa realidad. La vida sigue, los libros me seguirán encontrando. La realidad seguirá cambiando, por ahora sigue secándose…

Laberintos culturales

(Este es un post escrito no solo por mi, sino también por Tango II. )

Por lo general no me gustan los debates, me aburren, me molestan, me malhumoran. Rara vez participo, sobre todo si se agrede a gente que quiero. Claro que estoy hablando de un tipo de debate que, además, es virtual. En defensa virtual no controlo bien las palabras que digo y me dan muchas ganas de agredir, cosa que como dije al principio es lo que más me malhumora. Necesito tiempo, pensar, repensar. Toda esta introducción tiene que ver con que el debate del que hablo es algo que me quedó picando en la cabeza desde aquél día. ¿Qué es la cultura? ¿Quiénes hacen cultura? ¿Sólo es cultura lo que está reconocido por alguna mayoría? ¿Hay medios específicos para acceder a la cultura? Aquí  es donde estoy. ¿Cuál es mi modo de acceso a la cultura? Pienso: variado, muy variado. ¿Cuál es el que más me gusta? El de boca en boca por decirlo de algún modo. Desde que abrí el blog, por ejemplo, mi acceso a la cultura o a manifestaciones artísticas (esto era lo que para alguien no es cultura) se acrecentó. Las empatías llevaron a que me interesara leer algún autor, escuchar algún disco, ver alguna película. Lo más interesante incluso, es que además estas personas, las detonadoras digamos, también escriben, ven, recomiendan: hacen cultura. Pero claro que no ha sido el único medio. Han sido calles, cuadras que se van abriendo y conducen por caminos que, en principio, no sabía a donde me llevarían. La radio es otro medio del que me sirvo. Adoro escuchar programas que me abran la cabeza, que no repitan lo que hay que pasar. Los músicos otro tanto, a partir de uno, escucho a otro. También puede pasar que abra un libro, lo lea, dentro de ese el autor nombre a algún otro, y hacia allí vaya. Estos son los modos, o los medios que me gustan para acceder a la cultura. Que gracias a amigos pueda ir a una librería en San Telmo a ver una película con argumento y guión de Borges, que no sabía que existía, y luego compartir un vino, un café, una buena charla. Podrá venir alguien a decirme que soy inculta por no saberlo desde antes. Podrán decirme que si no leí a Joyce no sé lo que es la literatura. Podrán decirme también que si no reconozco una sinfonía de Beethoven, no puedo hablar de música. Podrán decirme eso, y muchas cosas más, yo seguiré metiéndome por caminos, chocando contra las paredes, volviendo atrás, releyendo, escuchando, viendo, sintiendo, recomendando, conociendo, viviendo,  indagando, observando, intuyendo, acrecentando, perdiéndome en laberintos…

(A partir de aquí, como dije al principio, un esbozo de respuesta a cargo de Tango II, no dejen de visitar sus dibujos)

Después de releer el debate me di cuenta que todos caímos en un gran error y le terminamos siguiendo el juego al imbécil este: Asociamos automáticamente cultura y arte. Esto tiene un buen motivo, el debate surgió por una publicación de un evento sobre manifestaciones artísticas. Pero más allá de eso, cultura es toda realización humana. En la dialéctica del amo y el esclavo, este último es, podríamos decir, el vencedor. El esclavo es quien hace cultura, desde un simple utensilio hasta el postre, para la cena del amo.

Me parece que el humano no sólo es social, sino que también, y como correlato de su vida en sociedad, es esencialmente cultural. No existe comunidad, no puede existir sin cultura y viceversa. La cultura es un hecho social, es lo que une a sus individuos en una historia común, la que los define como individuos de una comunidad. Es la cultura la que nos da la posibilidad de sentir empatía con el otro; con un otro que  comparte nuestro pasado, nuestra cultura.

Por esto, el término “inculto” me parece un sinsentido. No conocer a Shakespeare no quiere decir que no se participe de ese supuesto grupo selecto que sí puede acceder a la cultura. Uno se conecta con la tradición hasta lavando una lechuga. Un lindo ejemplo de esto es el capítulo 105,
de Rayuela que, como sé que lo tenés en tu biblioteca, te invito a leerlo.

Mañana es mejor

“En cierto modo, el más testarudo de los rockeros argentinos nunca abandonó los puentes amarillos. Ése fue su verdadero manifiesto.”
Sergio Pujol. Canciones Argentinas.

Así dejé pasar los días, pensando que sería mejor alejarme de aquella tarde de miércoles en que llegó la noticia. Alguien rezaba en su estado: ¿Spinetta?. No quería ver, no quería que fuera cierto. Llegó el primer grito y los titulares y las imágenes y las canciones… Una amiga que hace tiempo no veo me escribió para ver como estaba. Otra llamó. No es exagerado pensar que a muchos de nosotros se nos fue un miembro de la familia, un hermano, un padre… Y de pronto me encontré en esa mezcla de sensaciones, la vida, mi vida y la muerte. Una de mis sobrinas recordó que el primer recital de su vida fue uno que dio Spinetta en Mar del Plata un verano en el que fuimos solas por primera vez de vacaciones. En ese momento la visión de la muerte cambió. El flaco no está más en este mundo, pero sus canciones seguirán por siempre. Agradecí el momento en que empecé a escucharlo. Recordé mi casa de niña y a mis vecinos mayores escuchando “Muchacha, ojos de papel”. Y las fechas se mezclan, y me traslado a la primera vez que lo pude ver en vivo, acá en La Plata, en un teatro hoy devenido a mini-shopping. Y el año 1986 en el que andaba para todos lados con el casette doble Lalalá. Y de cuando tuve la bandeja de cd y fui corriendo a comprar “Exactas”. O aquel día en el que fui sola al complejo La Plaza a ver en vivo lo que después sería “San Cristóforo” metiéndome en un sauna de lava eléctrico. Y voy más acá y vuelvo más allá. Y releo viejos post. Y sigo rememorando recitales, viajes, escuchas, notas. Y así la vida se irá regenerando. Y la realidad se transformará, como se transformaba cuando era niña. Y tal vez mañana sea mejor…

Y estos registros de la última vez que lo vi en vivo son una mínima parte de la cantidad de registros que dejó en mi vida…

Y la canción que escuchas
tu cuerpo abrirá con el alba…

Sine materia

Leer a Proust es sumergirse entre otras cosas en deliciosas críticas estéticas:

“El año antes había oído en una reunión una obra para piano y violín. Primeramente solo saboreó la calidad material de los sonidos segregados por los instrumentos. Le gustó ya mucho ver como de pronto, por bajo la línea del violín, delgada, resistente, densa y directriz, se elevaba como en líquido tumulto, la masa de la parte de piano, multiforme, indivisa, plana y entrecortada, igual que la parda agitación de las olas, hechizada y bemolada por la luz de la luna. Pero en un momento dado, sin poder distinguir claramente un contorno, ni dar un nombre a lo que le agradaba, seducido de golpe, quiso coger una frase o una armonía –no sabía exactamente lo que era- que al pasar le ensanchó el alma, lo mismo que algunos perfumes de rosa que rondan por la húmeda atmósfera de la noche tienen la virtud de dilatarnos la nariz. Quizá por no saber de música le fue posible sentir una impresión tan confusa, una impresión de esas que acaso son las únicas puramente musicales, concentradas, absolutamente originales e irreductibles a otro orden cualquiera de impresiones. Y una de estas impresiones del instante es, por decirlo así, sine materia. Indudablemente, las notas que estamos oyendo en ese momento aspiran ya, según su altura y cantidad, a cubrir, delante de nuestra mirada, superficies de dimensiones variadas, a trazar arabescos y darnos sensaciones de amplitud, de tenuidad, de estabilidad y de capricho. Pero las notas se desvanecen antes de que esas sensaciones estén lo bastante formadas en nuestra alma para librarnos de que nos sumerjan las nuevas sensaciones que ya están provocando las notas siguientes o simultáneas. Y esa impresión seguirá envolviendo con su liquidez y su “esfumado” los motivos que de cuando en cuando surgen, apenas discernibles, para hundirse enseguida y desaparecer, tan sólo percibidos por el placer particular que nos dan, imposibles de describir, de recordar, de nombrar, inefables, si no fuera porque la memoria, como un obrero que se esfuerza en asentar duraderos cimientos en medio de las olas, fabrica para nosotros facsímiles de esas frases fugitivas y nos permite que las comparemos con las siguientes y notemos sus diferencias. Y así, apenas expiró la deliciosa sensación de Swann, su memoria le ofreció, acto continuo, una transcripción sumaria y provisional de la frase, pero en la que tuvo los ojos clavados mientras que seguía desarrollándose la música, de tal modo, que cuando aquella impresión retornó ya no era inaprehensible. Se representaba su extensión, los grupos simétricos, su grafía y su valor expresivo; y lo que tenía ante los ojos no era ya música pura: era dibujo, arquitectura, pensamiento, todo lo que hace posible que nos acordemos de la música. Aquella vez distinguió claramente una frase que se elevó unos momentos por encima de las ondas sonoras. Y en seguida la frase esa le brindó voluptuosidades especiales que nunca se le ocurrieron antes de haberla oído, que sólo ella podía inspirarle, y sintió hacia ella un amor nuevo. “

Marcel Proust. Por el camino de Swann. Parte II. Traducción de Pedro Salinas.

Presentaciones: Cancionistas del Rio de La Plata

El pasado viernes tuve la suerte o mejor dicho, el buen juicio, de ir a la Presentación del libro de Martin Graziano: “Cancionistas del Rio de La Plata”. Si bien no he ido a muchas presentaciones de libros, las pocas veces que asistí a eventos similares, poco se le parecieron a esta. En aquellas ocasiones, lo mejor estaba tras bambalinas por llamarlo de algún modo. El encuentro (como ya he dicho en otro post) con amigos o la charla con los autores. Este no fue el caso de la noche del viernes. A Martín Graziano lo conozco de verlo por las calles de la ciudad o incluso de alguna charla literaria en el mismo recinto del Centro Cultural Islas Malvinas. Pero también, gracias a la columna que tiene en el programa Carbono Catorce de Radio Universidad. Más de una vez corro por una lapicera y un pedazo de papel para tomar nota de los cantautores que allí nombra. Pero volviendo a la noche del viernes: Todo comenzó con la proyección de unos videos, música, fotografías y el comienzo de una gran velada. Luego subió al escenario Julieta Rimoldi, tras un par de temas, todos bellos por cierto, las luces se encendieron contra uno de los laterales para dar lugar a Nacho & los caracoles, a esta altura la noche era más grata aún. Entre medio siguieron proyectando videos, ahí también tuve que hacer uso del cuaderno (que por suerte siempre viaja conmigo) y la lapicera para anotar más nombres. Y llegó el turno de que hablen del libro. Gran momento también, sobre el escenario además de Martín y Lula Bauer (la fotógrafa) estuvo Sergio Pujol. Así da gusto ir a la presentación de un libro. Pujol dio una clase de cómo deben ser presentados los libros. Y todavía faltaba más, más videos y más música en vivo, con la presencia sobre el escenario de Lucio Mantel, a quien conocí gracias al programa antes mencionado. En un tiempo donde todo está pautado, que haya radios, periodistas y músicos que hagan cosas distintas es un regalo.
Aquí dejo la nota que le realizó el Diario Diagonales a Graziano: La canción como un ejercicio para pensarnos.

Y este es uno de los videos que proyectaron:

Encuentros

Hace un par de años escribí algo así como que los libros me encontraban. Y si no lo escribí al menos lo pensé. Una tarde noche en un café se produjo otro tipo de encuentro. Un encuentro entre seres reales a los que antes de ese día solo conocía (salvo a Vero) por sus palabras. Durante la charla, Inés nombró a Néstor Sánchez, recuerdo que en los días siguientes busqué en internet material sobre él sin detenerme demasiado en ninguna de las cosas que leía. El tiempo fue pasando y olvidé ese nombre. El domingo mediante una foto el nombre del autor volvió a buscarme. Así fue como mediante una etiqueta puesta por una de las mejores librerías de La Plata, pude encontrarme finalmente con Néstor Sánchez. “ El Amhor , los orsinis y la muerte” ya está cerca de mi mesa de luz, solo resta abrirlo y comenzar a leerlo.

Pero los encuentros no terminan aquí, más tarde, como suelo hacer, me puse a buscar videos, grata sorpresa encontrarme con varios del genio de Minneapolis, el hombre símbolo que no para de sacar todo material suyo que ande dando vueltas por la web. Hay que aprovechar para verlo, quizá dure poco, pienso: que tipo, porque no se deja de joder y permite que estas cosas circulen, después de todo es uno de los músicos de los que más discos originales poseo!. En fin, lo dicho aprovechen a verlo, antes que lo saquen…

En el justo momento

Muchas veces cuando marco un libro, pienso que debería agregar además la fecha en que lo marqué. Pocas veces lo hago. Así es como vuelvo sobre páginas marcadas intentando reconstruir momentos. Como si no fueran solo palabras sino más bien todo un espacio de tiempo y a la vez un instante. Anoche leyendo las páginas finales de “Antes que anochezca” un párrafo tomó otra dimensión, justo en el día del 25º Aniversario de la muerte de Borges llegué a estas líneas:

“Uno de los casos de injusticia intelectual más conocidos de este siglo fue el de Jorge Luis Borges, a quien sistemáticamente se le negó el Premio Nobel, sencillamente, por su actitud política. Borges es uno de los escritores latinoamericanos más importantes del siglo; tal vez el más importante; sin embargo, el Premio Nobel se lo dieron a García Márquez, pestiche de Faulkner, amigo personal de Castro y oportunista nato. Su obra además de algunos méritos está permeada por un populismo de baratija que no está a la altura de los grandes escritores que han muerto en el olvido o han sido postergados.” Reinaldo Arenas.

(Ahora me pregunto: ¿Me hubiera detenido en ellas en otro momento?)